Lo que daría por ver esa ventana titilar, dos segundos.
Ni responderte, verla titilar, para saber que estás ahí y que te acordaste que existo.
Me odio así. Me hacés ser una persona obsesiva. Sacás esa parte de mí que más odio. Y sin embargo no me parece rutinario ver tu foto una y mil veces.
Esto de la virtualidad me parece una garcha caminante. Soy más de las que hacen cartas, esperan un llamado, un timbrazo, algo que indique que caminás, que vivís. No solo una computadora prendida.
Pero si no fuese por eso no tendría ni noticias de vos.
Sos una de las principales causas por lo que todavía no me deshice de facebook. Porque no tendría contacto con vos. Y eso me pone muy down, como diría una canción.
Me pone mal, me la baja. Porque ni siquiera forjamos una relación. Porque lo nuestro es solo flashearla por facebook. O lo era.
Hasta que te diste cuenta que yo te miraba con otros ojos, que, por supuesto, no soy como todas las putas que te comiste y te comés, porque si te quiero, te quiero de verdad y para mí.
Y eso te asusta, te da miedo, y te confunde.
Y te odio por eso.
Por qué no puedo tenerte? Ni siquiera entiendo lo que me querés decir cuando decís "estoy confundido" o "ni yo sé lo que quiero de mi vida" o "sí, soy un pelotudo".
No lo entiendo, porque te quiero ya, acá. Y me importa poco y nada que estés confundido o lo que verga sea que te pase.
Y acá me vuelvo egoísta.
Egoísta.
Egoísta, obsesiva.
Egoísta, obsesiva y caprichosa.
Nunca me pasó esto de no querer hablar cuando veo a alguien.
Digo, te veo y me olvido de cómo hablar. No me acuerdo. Cómo se hablaba?
No me salen las palabras, me quedo muda. Y vos le seguís hablando a otra persona, porque ni siquiera te das cuenta que estoy ahí.
Y eso es lo que más me fascina de vos.
Que me la hacés pelear.
Porque si fueras más fácil no me gustarías tanto, no me quemarías tanto la cabeza.
Y al mismo tiempo te detesto, me cuesta horrores no hablarte.
Y vuelvo a mirar tu foto.
Esa foto que si no la hubieras cortado, yo estoy al lado tuyo.
Por una de las noches que tuve el placer de tenerte al lado mío, adelante, tocando pierna con pierna, pegándote en el pecho diciéndote "te detesto".
Y vos, viéndome con los ojos llorosos.
Que imagen tan pedorra de mí, por dios. Me conociste de la peor manera.
Ya me conocés igual, ya te conté todo.
No hay persona más auténtica que yo cuando te hablo.
Porque no disimulo nada, porque trato de decirte todo cuando te hablo porque sé que cuando te vea las palabras no me van a salir. Y a vos tampoco, entonces nos vamos a tener que remitir a lo que ya hablamos, y a lo que pensamos en el momento que lo dijimos.
Me picó el bichito. Detesto al bichito. TE detesto.
Vení. Te quiero acá. Basta.